Caños de Carmona

Caños de Carmona

Con este nombre se define al acueducto que abastecía de aguas a la ciudad de Sevilla desde la época imperial romana hasta el siglo XX. Dicho acueducto recorre unos 17 km, 11 de ellos de manera subterránea, desde su nacimiento en Alcalá de Guadaíra hasta su llegada a Sevilla, y ha tenido tres importantes épocas que han marcado su fisonomía y recorrido, así como la de las zonas por las que se situaba. Vamos a realizar un breve resumen de su historia general para conocer mejor este monumento, pasando por todas sus épocas, diseños y trayectorias.

Los inicios del acueducto hay que buscarlos en la época romana, y pese a que no tenemos una referencia directa al mismo en fuentes escritas, si tenemos una importante fuente material para situar su inicio en la época imperial romana. Esta fuente no es otra que las galerías subterráneas construidas bajo la actual localidad de Alcalá de Guadaíra y que iniciaban el trayecto del acueducto hasta Sevilla bajo tierra. Según los estudios realizados por la Asociación “Sociedad Espeleológica Geos” dichas galerías tendrían una altura media de dos metros y una anchura de 0,85 recorriendo bajo tierra unos doce kilómetros hasta salir a la superficie apenas a 6 kilómetros de Híspalis a donde llegaría ya con un acueducto en superficie. Estas galerías comenzarían en Alcalá de Guadaíra con el manantial de Santa Lucía y atravesaría todo el centro de esta población recogiendo además agua de otros manantiales. Esto supuso un enorme trabajo habiéndose calculado que para cada metro lineal excavado, se habrían retirado 3,6 toneladas de albero, teniendo en cuenta que hay unos doce kilómetros bajo tierra, la magnitud de lo excavado es colosal.

Lumbreras romanas en Alcalá de Guadaíra que han quedado al descubierto tras la bajada del nivel del suelo.
Lumbreras romanas en Alcalá de Guadaíra que han quedado al descubierto tras la bajada del nivel del suelo.

Su trayectoria es conocida, pues seguía la línea del camino que hoy conocemos como A-92 y su salida a superficie parece estar tras pasar la actual fábrica de Persán. Es tal el impacto de estas galerías en dicho camino que las lumbreras que servían para la construcción de la misma, da nombre a un barrio de Torreblanca en el cual los mismos vecinos cuando construían sus casas el pasado siglo, usaban el agua de dicha galería a través de las lumbreras a modo de pozo.

Pero como sucedió con el propio imperio romano, el acueducto fue abandonado a su suerte y terminó colmatado subterráneamente e inservible en superficie, por lo que no es hasta el año 1172, bajo el mandato de los almohades, cuando se descubren las ruinas del acueducto en superficie y se llega hasta el punto donde el agua subterránea salía a la superficie. Según cuenta Alfonso Jiménez Martín en sus investigaciones, tras la construcción del palacio de “La Buhaira” se buscó la manera de llevar agua a dicho palacio y fue este el motivo del descubrimiento. Tras esto, pese a iniciar su salida a superficie en un punto más lejano del romano, los almohades modificaron el traslado del agua hasta la capital nivelando el terreno y realizando una acequia que no solo aumento el trayecto del agua, si no que lo pobló de numerosos molinos. Además de llevar el agua al Palacio de la Buhaira se llevó también a la ciudad, por lo que a la altura de la Cruz del Campo se construyó un acueducto en dirección a Sevilla que muy probablemente estaría sobre el romano. Es de este acueducto almohade de quien nos quedan hoy en día dos trozos, más el trayecto que sobrevive junto al Palacio de la Buhaira. Como anécdota se conoce la fecha en que el agua de los caños regresó a la ciudad, fue el 13 de febrero de 1172 según el testimonio de Ibn Sahib al-Sala.

Acueducto de origen almohade. Tramo más próximo al centro de la ciudad.
Acueducto de origen almohade. Tramo más próximo al centro de la ciudad.

Tras la conquista de la ciudad el acueducto y toda la acequia pasan a ser propiedad de la corona que al poco tiempo cede los molinos al ayuntamiento a cambio de su mantenimiento. Este mantenimiento tenía entre algunas novedades la plantación y conservación de diferente vegetación junto a la acequia para evitar la penetración del ganado, así como para compactar la tierra circundante. Entre la vegetación plantada se conoce que en 1775 había casi 800 álamos, 200 acebuches o 120 higueras. Pero era muy costoso mantener en perfecto estado la acequia y el nivel o la calidad del agua no siempre era la deseada, pese a todo, no es hasta mitad del siglo XIX cuando la ciudad se decide definitivamente a realizar un acueducto que elimine la acequia almohade y proporcione agua de calidad para una población además diezmada por epidemias.

A este respecto se realizan varios proyectos y mapas que dejan una valiosa información para poder en la actualidad reconstruir su historia, destacando de entre ellos tres, el de Melchor Cano de 1927 aproximadamente que desde el inicio de la acequia almohade realizaba una nueva mina hasta la Cruz del Campo aunque solo se realizaron 6 km hasta el camino viejo de Alcalá, el mapa de Gabriel Gómez Herrador de 1846 que continuó el proyecto inicial culminándolo con la llegada a la Cruz del Campo del acueducto y del que hoy en día queda un trozo en la barriada de Los Pajaritos y por último el mapa de Higgin de 1882 que modificaba la llegada de aguas a la ciudad y daba paso al declive del nuevo acueducto que finalmente y pese a varias oposiciones, fue demolido casi en su totalidad durante el siglo XX conservándose únicamente tres pequeños trozos.

[AMPLIAR FOTO] Reconstrucción del recorrido de los Caños de Carmona.
[AMPLIAR FOTO] Reconstrucción del recorrido de los Caños de Carmona.

A modo de resumen final, podemos afirmar que del acueducto de Sevilla tenemos tres partes que nos cuentan su historia. Una primera parte muy olvidada y a la vez extensa en las galerías subterráneas de origen romano, una segunda parte de origen almohade con tres trozos de acueducto de diversas facturas, y un trozo de parte del acueducto moderno realizado en el siglo XIX. Todos forman parte del mismo acueducto que desde el siglo I d.C. estuvo abasteciendo a la ciudad por lo que todos deberían tener el mismo trato y la misma protección, así como la necesaria divulgación para el conocimiento general de esta maravillosa obra hidráulica.

 

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