Giralda

Giralda

La Giralda es la Torre-Campanario de la Catedral de Santa María de la Sede en Sevilla. Construida inicialmente como alminar para la mezquita mayor de la ciudad en época de los Almohades, fue modificada en su parte superior para adecuarla como campanario, dando como resultado la perfecta unión entre dos estilos y dos mundos diferentes. Desde su misma construcción y hasta la actualidad, la Giralda se convierte en el emblema de la ciudad y del estado que la domina, siendo actualmente un emblema no sólo de la ciudad de Sevilla, si no también de Andalucía y de España, estando además declarada como Patrimonio de la Humanidad desde 1987.

Su construcción está ligada a la construcción de la Mezquita Mayor de Sevilla, donde hoy se ubica la catedral, que ordenó construir el Califa Abu Ya´Qüb Yusuf en 1172 junto con el actual patio de los naranjos, el alminar e incluso una muralla que separaba al recinto, de la población uniéndolo a su Alcázar. Pero el alminar debió esperar para iniciar su construcción, pues la prioridad fue la mezquita. Así, no fue hasta el año 1184 cuando se iniciaron las obras, resultando detenidas al poco con la muerte del Califa. No es hasta el año 1188 cuando se continúan las obras, tras orden de su sucesor Abu Yusuf Al-Mansur, el cual decide terminar el alminar, pero abandona la idea del recinto amurallado. Con la colocación de cuatro esferas doradas en lo alto de la torre, se daba por concluida la obra en 1198, catorce años después de su comienzo.

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La Giralda, cuya base cuadrada mide 13,61 metros y alcanza hoy la altura de 98 metros, tuvo una cimentación de unos 3,30 metros de profundidad en su inicio y que actualmente se sitúa en los 5 metros debido al aumento del nivel del suelo. Esta cimentación se amplia de forma escalonada hasta alcanzar un cuadrado de unos 15 metros de lado, debajo del cual, existe una explanación del terreno constituida con todo tipo de material cerámico, sobre el que se debió encontrar un pozo manantial que debió cegarse. La base actual y que está a la vista, es de sillería con sillares de la antigua muralla de la ciudad situada a escasos metros y de pedestales romanos, algunos de los cuales son visibles aún. Tras esta base, lo que vemos es el gran prisma de ladrillo, de gran calidad y regularidad.

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Una de las peculiaridades de esta torre, es que la decoración de sus cuatro fachadas exteriores se pliega de forma muy inteligente a los dictados de sus ventanas, y estás al trazado de la rampa interior formando paños decorativos simétricos, pero distintos en cada fachada. En su interior hay 34 rampas que son las que marcan el diseño de las fachadas exteriores y suben al actual campanario en forma de espiral, que gira en el mismo sentido que lo hacen los peregrinos musulmanes cuando, a paso ligero, circundan la Qaaba.

La subida a la torre estaba reservada para el almuédano, encargado de llamar a la oración a la población, para lo cual, subía montado a caballo. Aunque tras la reconquista de la ciudad a manos de Fernando III, hubo otros ilustres personajes, que no pudieron evitar la tentación de subir y contemplar las maravillosas vistas que ofrecía la torre. Enrique III lo hizo en 1400 e Isabel la Católica en 1490, Felipe IV lo hacía en 1624 en dos ocasiones e incluso el embajador japonés subía en el año 1614 y en 1993 el Papa Juan Pablo II.

Además de cómo mirador y llamada para la oración, la torre fue usaba en época musulmana como observatorio y tras la reconquista, como vivienda, granero, reloj, veleta y más actualmente como pararrayos, aunque su función principal fue la de campanario. En 1335, tras un terremoto que afecto a la parte superior, se añadió una espadaña con una primitiva campana, ya que no fue hasta el siglo XVI, cuando la ciudad era el centro del mundo gracias al comercio con América, cuando el Cabildo, deseoso de que la torre tuviera un campanario acorde a la importancia del templo y de la ciudad, encargó al arquitecto cordobés Hernán Ruiz II, que hiciera el cuerpo de campanas.

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La construcción de Hernán Ruiz II, de estilo renacentista, alcanza un grado de fusión tal, entre el antiguo alminar y el nuevo campanario, que parece improbable arbitrar otra solución mejor que la ofrecida en su día por el arquitecto cordobés. El campanario cuenta con 24 campanas, de diferentes tamaños según su situación. Justo la zona donde está el mirador y las campanas, es la zona desde donde se realizó el añadido, pues encima del cuerpo de campanas están por orden, el cuerpo de azucenas, el de estrellas, el de carambolas y el penacho, lugar donde se sitúa la famosa veleta, llamada Giraldillo, que fue la que dio nombre a la actual torre, aunque su verdadero nombre es el de Triunfo de la Fe Victoriosa. La figura de bronce, mide más de 3,5 metros y pesa 128 kilos.

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La Giralda, con más de 800 años de historia, habiendo sufrido terremotos y huracanes, sigue siendo el referente de la ciudad que la construyó, e incluso de fuera de ella, pues tras su construcción ha servido de espejo al que mirarse a innumerables torre-campanarios del sur del país y de sudamérica, así como le han salido hermanas tan famosas como en el antiguo Madison Square Garden de Nueva York o en Kansas City.


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